CONTRATO DE INTEGRACIÓN GANADERA

CONTRATO DE INTEGRACIÓN GANADERA

En Aragón tenemos abundantes granjas de porcino, sin embargo, a diferencia de lo que ocurre en Cataluña, aquí no se ha regulado el contrato de integración ganadera que tantos quebraderos de cabeza genera a integradores e integrados.

La Ley 12/2013, de 2 de agosto, de medidas para mejorar el funcionamiento de la cadena alimentaria, regula someramente los contratos alimentarios e incluye el contrato de integración en los mismos, pero si bien indica que se deben formalizar por escrito, no se considera que éste sea un elemento necesario para la existencia y validez del contrato.

La regulación del contrato de integración ganadera existente en Cataluña lo define como “el contrato por el que se establece una relación de colaboración entre el integrador y el integrado en la que ambos participan económicamente de la producción obtenida en función de las aportaciones de cada uno”.

Resulta muy interesante la regulación catalana de este tipo de contratos en la que se exige que se formalicen por escrito y según un modelo homologado.

Además, la ley exige en Cataluña que los contratos recojan cuestiones tan importantes como las obligaciones asumidas por cada una de las partes respecto a:

  • El suministro de los alimentos, los productos zoosanitarios, los servicios de atención veterinaria y los demás bienes o servicios que sean precisos para la producción, en las condiciones de calidad y sanidad adecuadas.
  • La dirección y la gestión sanitaria de la explotación.
  • El cumplimiento de las obligaciones de bienestar y sanidad animal exigidas por la normativa sectorial, de los programas de actuación agroambientales y de las buenas prácticas ganaderas.
  • La gestión de las deyecciones ganaderas establecidas por el correspondiente plan de gestión, así como de los otros subproductos ganaderos o residuos generados por la explotación y el coste que se deriva, de acuerdo a la normativa sectorial aplicable.

En el contrato los pactos económicos deben fijarse en función de la producción obtenida o el número de animales que han salido en el período o la retribución a tanto alzado por plaza y período de tiempo calculados en función de la capacidad de la producción de la granja y de los costes derivados de la gestión de las deyecciones ganaderas, de otras obligaciones ambientales y de los servicios asumidos por las partes.

Regular la integración o tal y como dice la norma catalana la “cooperación en la explotación ganadera” sería necesario, pero además sería muy positivo para todas las partes, integradores e integrados. Regular en un contrato todas las cuestiones que afectan a la integración, fijar con claridad cuáles son las obligaciones de las partes, cuáles las responsabilidades y fijar la participación económica en función de las aportaciones de cada uno y de la producción obtenida es fundamental para que la cooperación ganadera pueda empezar y terminar bien para todas las partes.

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